03 septiembre 2006

Memoria de Llanes: el pericote y la danza prima


En el día de los Ángeles, cúspide del verano, en la aldea asturiana de La Pereda (Llanes) ocurre el milagro de la Romería de la Virgen de Guadalupe: milagro bien laico y bien humano, que a los de allí y a unos cuantos devotos de la tradición oral vino este agosto a conmovernos.

En la Romería de la Virgen de Guadalupe se procesiona una réplica exacta de la imagen mexicana del mismo nombre, traída a este lado de Europa por los indianos que entre los siglos XVII y XVIII trajeron el oro de América a las tierras pobres de Asturias y, con él, la prosperidad para sus vecinos. Alrededor de la pequeña iglesia de perfil caribeño –como una niña de otra raza que hubieran adoptado aquellas montañas- pasean los del lugar a la Virgen y al “ramu”, una pirámide de hortensias azules y roscos de pan que los niños se disputan por llevar en andas. Ya dentro de la ermita, el ritual ortodoxo de la misa queda por completo sepultado por las panderetas de las mujeres, por los bordados y las sedas de los oriundos de México que hasta allí se acercan y, sobre todo, por la primorosa gaita que sostiene los cantos en latín, haciéndonos creer que esa música no ha entendido jamás otro idioma que ése.

La procesión se dilata luego en los jardines que rodean la ermita y alrededor del “mayo”, una rama de eucalipto de más de veinte metros por la que alguno se atreve a trepar. Tras el “ramu” se bate la memoria poético-musical y la aldea se pone en verso para, al son de las panderetas y de las cintas de colores, rimar su alegría. La dicha absoluta llega al desbaratar el “ramu” y subastar los roscos de pan que de él penden. Todos pujamos alto, pero la puja es crítica para ver quién se lleva el “cerquiellu”, el rosco que corona la escultura de flores y que para los niños está tan alto como el cielo.

La Pereda es una aldea tan honrada con su memoria que la Romería culmina con dos bailes atávicos: el Pericote y la Danza Prima. El primero es una danza a tres de paso elegante en la que el varón galantea a las dos mujeres que se acercan y se alejan de su seducción. La Danza Prima es un baile coral, ejecutado en una espiral infinita de danzantes atrapados en el movimiento primordial del corro. Uno y otro son, ni más ni menos, que dos de los últimos bailes romancescos de la Península, es decir, dos de los últimos momentos que, al que quiera ver, le quedan para presenciar (y participar) lo que durante siglos fueron la música, el verso y la danza juntos, en la calle o en el campo, y formando parte del aire que ya no respiramos. El cantor del Pericote, con los primeros versos del romance de “La Espinela”, expresa mejor que nadie ese milagro:

El sol detenga sus rayos
y la luna su luz bella,
caduque el mar con sus olas
y estremézcase la tierra…

3 Comments:

At lun. sept. 04, 02:47:00 p. m., Blogger ANA DE LA ROBLA said...

Bienvenida a la palabra escrita. Ya veo de dónde viene lo de "comerse un rosco"... Un beso.

 
At vie. ene. 19, 07:16:00 p. m., Blogger vieyu said...

Muy buena tu descripción de una romería del oriente de Asturias, en casi todas las aldeas se hace de la misma forma, sólo una corrección lo que tu dices que es una rama de eucalipto es en realidad un eucalipto al que se la han quitado las ramas inferiores y la corteza y en esta zona oriental se le llama h.oguera (escrito en asturiano oriental, en la llingüa asturiana la letra j no existe) y se leeria joguera, en algunos pueblos o aldeas el eucalipto alcanza alturas cercanas a los 40 metros.
Saludos.

 
At sáb. nov. 29, 07:37:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

muy interesante, y terriblemente cierto, yo que soy de esa zona lo vivo como nadie y realmente es así. Gracias por ayudar a que todo el mundo conozca las maravillosas costumbres asturianas. Saludos y un beso :)

 

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