06 febrero 2012

Jornadas de Literatura Popular Infantil








“LA PALABRA Y LA MEMORIA”
III Jornadas iberoamericanas de investigadores de Literatura Popular Infantil
“La presencia del Cancionero Popular Infantil en la lírica hispánica”
Homenaje a Margit Frenk
3-5 DE OCTUBRE DE 2012
CEPLI. Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de Cuenca
Universidad de Castilla-La Mancha

http://www.uclm.es/cepli/v2/contenido.asp?tc=actvis40941ccvwq

Directores:
Mª Teresa Miaja (UNAM), Ramón Llorens (Universidad de Alicante), Pedro C. Cerrillo (UCLM)
Secretarios: Cristina Cañamares (UCLM) y César Sánchez (UCLM)

PROGRAMA

Miércoles 3 de octubre
10 h. Reunión del Grupo interuniversitario de “Literatura Popular Infantil”
12 h. Inauguración. Dra. Mª Ángeles Zurilla (Vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria) D. Leoncio Fernández (Director de la Fundación SM)

12,30 h. Conferencia inaugural:
Las rimas para juegos infantiles en el antiguo cancionero popular
Dra. Margit Frenk (UNAM, México)
Ponencias (I). Área “El Cancionero Popular Infantil en la poesía hispánica”
16,15 h. Dra. Nieves Gómez (Universidad de Almería)
Poética y tradición en las canciones de los mecedores
16,40 h. Dr. José M. Pedrosa (Universidad de Alcalá de Henares)
“Toma, vivo te lo do” geografías transatlánticas de un antiguo juego infantil
17,05 h. Dr. José M. de Amo (Universidad de Almería)
La recepción de los hipertextos literarios: presencia de los cancioneros medievales en la literatura actual
17,30 h. Dra. Leonor Fernández (UNAM, México)
Margit Frenk y la lírica infantil en su “Nuevo Corpus”
17,55 h. Dr. Ramón Llorens (Universidad de Alicante)
Presencia del Cancionero en la obra de Unamuno
18,20 h. Coloquio. Presenta y modera: Dra. Mª Carmen Utanda (UCLM)
18,50 h. Descanso
19,15 h. Conferencia: El juego de las aleluyas
D. Jesús Martínez (Coleccionista)
20,15 h. Aula Cultural Abierta de la UCLM (C/ Colmillo, 2)
Inauguración de la exposición
Juegos y literatura infantil en los pliegos de aleluyas españoles y europeos del siglo XIX
Colección Martínez-Leis
Con la colaboración de la Fundación Joaquín Díaz
Jueves 4 de octubre
Ponencias (II). Área “Temas y géneros del Cancionero Popular Infantil”
9,30 h. Dra. Grisel Gómez (UNAM, México)
Aliteraciones, jitanjáforas y otros recursos formales en el Cancionero Infantil
9,55 h. Dra. Mª Jesús Ruiz (Universidad de Cádiz)
“Carta del Rey ha venido…” La guerra en el cancionero infantil hispánico
10,20 h.Dr. Eloy Martos (Universidad de Extremadura)
Canciones y leyendas temáticas: estudio de casos
10,45 h.Dra. Pascualita Morote (Universidad de Valencia)
Canción de cuna: primera lírica infantil
11,10 h.Dra. Gloria Chicote (Universidad Nacional La Plata, Argentina)
El camino del sur: temas y géneros seculares en el cancionero infantil de Argentina
11,35 h. Coloquio. Presenta y modera: Dr. Ramón Llorens (Universidad de Alicante)
12,30 h. Conferencia: Las `dos orillas´ de la adivinanza: tradición prehispánica y novohispana y tradición española medieval, renacentista y barroca
Dra. Mª Teresa Miaja (UNAM, México) y Dr. Pedro C. Cerrillo (UCLM)
Ponencias (III). Área “Hacia una didáctica del Cancionero Popular Infantil”
16, 15 h. Dra. Antonia Mª Ortiz (UCLM)
“Cuentas para cantar”: matemáticas y Cancionero Popular Infantil
16, 40 h. Dr. Armindo Mesquita (Universidad de Tras-os Montes, Portugal)
A poesía na sala de aula
17,05 h. Dr. Amando López Valero (Universidad de Murcia)
Canciones populares infantiles y competencia léxico-semántica
17,30 h. Dr. César Sánchez (UCLM)
Educación, cancionero y exilio: literatura infantil oral en la obra de Moreno Villa
17,55 h. Dra. Cristina Cañamares (UCLM) y Dr. Ángel L. Luján (UCLM)
Presencia del Cancionero Infantil en obras de Salvador Bartolozzi y Magda Donato
18,20 h. Coloquio. Presenta y modera: Dr. José Manuel de Amo (Universidad de Almería)
18,50 h. Descanso
19,30 h. Visita a la “Cuenca oculta”. Gentileza del Ayuntamiento de Cuenca
Viernes 5 de octubre
10 h. Homenaje a Margit Frenk
Escritura y oralidad: las aportaciones de Margit Frenk a los estudios de la lírica hispánica
Dra. Mariana Masera (UNAM, México), Dra. Mª Teresa Miaja (UNAM, México)
y Dr. José M. Pedrosa (Universidad de Alcalá de Henares).
Presenta: Dr. Pedro C. Cerrillo (UCLM)
12 h. Descanso
12,30 h. Conferencia. Memoria y oralidad. Canciones y juegos infantiles.
D. Joaquín Díaz (Fundación Joaquín Díaz)
13,45 h. Clausura

INSCRIPCIONES:
Del 25 de junio al 14 de septiembre de 2012
Cuota de inscripción: 20 € (Alumnos de la UCLM: 15 €)
Plazas limitadas
El CEPLI de la UCLM certificará la asistencia con 1 crédito ECTs (25 horas)
Enviar datos personales, domicilio completo, profesión, e-mail, fecha de nacimiento, copia de documento que acredite ser alumno de la UCLM (en su caso) y teléfono de contacto, junto a fotocopia del resguardo bancario del abono de la inscripción a:
cesar.sortiz@uclm.es; o andres.villanueva@uclm.es o cristina.canamares@uclm.es

Para quienes hagan la transferencia desde España el número de cuenta es:
c/c nº 2105 2044 15 1242006819 de Banco CCM
Para quienes hagan la transferencia desde fuera de España, el ingreso debe hacerse en:
Cod. IBAN (Bic Code): ES84 2105 2044 19 1290034812
Swift code: CECAESMM105 de Banco CCM
El solicitante debe indicar que se incluyan los gastos OUR (gastos de transferencia), pues a la UCLM debe llegarle el importe exacto de la matrícula. En la transferencia deberá indicar el nombre del alumno matriculado (no el de la persona que hace la transferencia).

Con la colaboración de:
Fundación SM
Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria de la UCLM
Vicerrectorado de Investigación de la UCLM
Biblioteca Cervantes Virtual
Ayuntamiento de Cuenca

25 abril 2011

Romancero tradicional de Cantabria




José Manuel Fraile Gil


Romancero Tradicional de Cantabria


Santander, Fundación Marcelino Botín, 2010


libro (961 págs.) + CD (80 temas)




RESEÑA DE MANUEL NARANJO LORETO CEDIDA PARA ASONANTE



Una de las preguntas más recurrentes por quienes suelen acercarse con la curiosidad del ignaro en los estudios relacionados con la cultura tradicional y, en especial, con el romancero y la lírica tradicional, se haya relacionada con la pérdida de algunos de sus valores: en este caso la tradición, que a base de repetirla, más que la reproducción de un proceso que se viene repitiendo en espacios de tiempo se convierte en algo estético por su representación simbólica en un marco cultural; lo antiguo ; como si cualquier tiempo pasado fuera mejor .
El romancero es un arte narrativo que se soporta bajo diversas estructuras formales para su difusión y desarrollo donde la interrelación entre literatura culta y popular ha sido constante y en el que los distintos procesos de oralización han jugado un importante papel. La ocasionalidad fue sin duda uno de sus elementos vectores y en ello reparó pronto Ramón Menéndez Pidal.
Esta materia oralizada, los romances, en la que proliferan héroes legendarios, noticias de referente histórico o tipos que acuñan historias de las que de una manera u otra hemos tenido referencia a lo largo de nuestra vida, son textos que se han venido desenvolviendo sobre modelos de estructuras abiertas, de ahí su multiplicidad de versiones.
José Manuel Fraile es un profundo conocedor de la cultura tradicional hispana, incansable y paciente ha sabido retratar con sabia erudición siempre que se ha acercado al romancero. Cada libro de este autor es un intenso viaje donde la geografía viene a ser solo una excusa: un texto por sí sólo carece de valor sí no se entiende a través de quien lo recita o canta, porqué lo interpreta y cuáles fueron las motivaciones que impulsaron al informante a mantenerlo en la memoria, ese desván al que de “cuando en vez” recurrimos y nos evoca imágenes antañonas, son también razones substanciales para ver como “sobrevive “ un romance.
En esa buhardilla del recuerdo trasiegan romances basados en el repertorio de los cantares de gestas franceses cuyos nombres ya evocan siglos lejanos: Gaiferos, Grimaltos y Montesinos, prístinos textos que han sobrevivido a los avatares históricos de la ibérica península sin olvidar romances tan fascinantes como el de la muerte del hijo de los Reyes Católicos, el príncipe Don Juan, todo eso y más podemos apreciar en esta magnífica colección.
No es menos cierto que el romancero está sufriendo un proceso desintegrador, las historias y los modelos que en ellas se presentan dejaron de tener sentido para una sociedad que se vio superada por los aires de la modernidad, lo que no comporta que hayan surgido nuevo modelos ajenos a las estructuras formales del romancero pero no totalmente sustraído de ello.
La compilación que hoy presentamos es el fruto de largos años de laboriosidad y esfuerzo por parte de José Manuel Fraile, donde gran parte de los textos y de las grabaciones que aparecen en este trabajo pertenecen a distintos períodos y campañas en tierras cántabras, así como parte del material disponible en el Archivo Menéndez Pidal-Goyri de Madrid y de autores que desde el siglo XIX han venido rescatando este legado, sin olvidar que, además, cuenta con un buen número de colaboradores amigos que han contribuido de manera ferviente a la consecución de éste magnífico trabajo.
Prologado por Samuel G. Armistead, resalta este autor, entre otras cosas, que en el romancero cantábrico y su riquísimo despliegue de temas narrativos, un conservadurismo característico de las áreas laterales más arcaizantes y, por lo tanto, más interesante del mundo romancístico.
El libro consta de un cd con ochenta registros recogidos por el propio José Manuel Fraile, donde conoceremos de primera mano, desnudos de aderezos, las melodías y los textos. El libro, extenso donde los haya, nos interna en el devenir del romancero cántabro en su introducción general, donde nos ubica en que marco geográfico y temporal ha transitado. Los amantes de la cultura tradicional hallarán no sólo un excelente corpus poético, se tropezarán con retazos de formas de vidas ancestrales, entre sus versos desenterraran lo que fue hasta hace bien poco una forma de vivir. Esa actitud ante la vida queda fielmente reflejada en el segundo capítulo dedicado a la ocasionalidad en el romancero cántabro: las jilas y veladas, los ramos de Navidad, la petición de reyes, las marzas y las pascuas hacían uso de un ingente catálogo de romances. Sin descuidar que en las faenas agrícolas, los corros infantiles y las oraciones y plegarias también se proveían de estos textos romancísticos.
Cuando Menéndez Pidal a principios del XX asistió en Cantabria a la representación de el baile a lo llano de Ruiloba detectó la pervivencia de textos narrativos en lugar del versátil y variado corpus métrico que ofrecían las coplas líricas, presenció uno de los escasos bailes romanceados que, como fósil, han quedado en algunos lugares de la península Ibérica, el tercer capítulo de este libro está dedicado precisamente a este baile de Ruiloba.
Existe un apartado dedicado a los portadores de la tradición en Cantabria, en él incide en las peculiaridades de muchos de los informantes, retratando los distintos caracteres que definen a los cántabros, pequeñas geografías humanas, todas de acusada personalidad.
Interesante resulta la crónica de la recolección romancística donde destacan un buen número de investigadores desde el siglo XIX, no sólo del romancero, también de la música y la etnografía, poniendo énfasis en el interés de abordar estos textos desde disciplinas multidisciplinares.
Este ingente trabajo ha contado con el valioso apoyo de la Fundación Marcelino Botín que ha sabido ver en José Manuel Fraile Gil todas las virtudes de un buen investigador, habrá pues que felicitar a ambos, a Chema por su dedicación y honestidad y a la Fundación cántabra por haber creído en un proyecto de tal envergadura.

Manuel Naranjo Loreto

18 abril 2011

Flores de Agaete

Flores del Faneque. Cancionero popular de Agaete

Recuperado de la tradición oral por José Antonio García Álamo

Obra gráfica de Pepe Dámaso

Edición de Maximiano Trapero

Grupo Jucarne - El Museo Canario - Fundación Pepe Dámaso

Gran Canaria, 2011

Este precioso libro recoge el repertorio tradicional de Agaete (Gran Canaria), recopilado verso a verso por José Antonio García Álamo desde 1954, momento en el que García Matos arribó a la isla para recoger los cantos de "la rama". Aquel encuentro entre el maestro del folklore y el joven enamorado de las tradiciones de su tierra se resuelve ahora en un cancionero popular frondoso y singular, ordenado y estudiado por Max Trapero y otros autores que se acercan a aspectos musicales del repertorio.

La edición recoge romances, canciones líricas profanas y religiosas, muestras del folklore infantil, cuentos, adivinanzas y una gavilla de saberes, remedios y creencias tradicionales. Cierra el libro una primorosa versión del Auto de los reyes magos, representado tradicionalmente en varias localidades de Canarias.

14 abril 2011

80 años de República


Juan Fernández Lago (Jerez de la Frontera, 1892-1945)

03 abril 2011

Casona: charlas en el exilio


VOZ Y PENSAMIENTO DE ALEJANDRO CASONA EN SUS CHARLAS DE UN FUMADOR


Artículo publicado en Setenta años después. El exilio literario español de 1939. Edición de Antonio Fdez Insuela, María del Carmen Alfonso, María Martínez-Cachero y Miguel Ramos Corrada. Oviedo, KRK Ediciones, 2010.


Observa Néstor Astur Fernández (en ese ejercicio de memoria y amistad que es su trabajo “Casona en la otra orilla del idioma español” ) que Alejandro Casona –el hombre extrovertido y amigable que todos recuerdan- tuvo en sus años de exilio momentos de profunda inhibición social, de aparente misantropía, y que con el tiempo fue perdiendo el gusto por la vida pública, huyendo del aplauso que siempre obtenía en charlas y conferencias, y buscando la intimidad y el silencio. Las más de cuatrocientas charlas que Casona mantuvo en distintas emisoras de radio de Argentina, Chile y Uruguay no niegan esa observación, antes al contrario. El autor pareció encontrar en la conversación radiofónica el espacio más adecuado para la reflexión solitaria, y en buena medida fue, en ellas, más asturiano, intimista y melancólico que nunca; alejado de escenarios y palestras, encontró en la soledad del estudio de radio el mejor sitio para sincerarse con un interlocutor callado, sin que el bullicio, el ruido o la multitud interrumpieran el hilo de la conversación. Así rememora María Martínez Sierra aquellos programas:


Recuerdo unas charlas que dio hace algunos años por Radio Belgrano… No perdí ni una… ¿De qué hablaban? ¡Qué importa! Eran para mí como agua de lluvia en sofocante atardecer de canícula.


Las charlas radiofónicas coinciden en el tiempo con la etapa más intensa de actividad periodística del autor de Besullo. Bien es verdad que desde incluso los años previos al exilio Casona había dedicado parte de su actividad a la escritura de artículos y ensayos breves, pero en tal período esto sólo parece limitarse a colaboraciones esporádicas . Sin embargo, es en 1955 cuando el escritor “en un ademán definitivo… confirma el paso hacia las páginas del periódico” ; y lo hace al comenzar a colaborar con ALA (American Literary Agency), dirigida desde Nueva York por Joaquín Maurín Juliá . La publicación de textos en la prensa de México, La Habana, Guatemala, Bolivia, Brasil, Panamá o Chile, entre otros países, se prolongaría hasta 1965, ya de regreso del exilio.


La relación entre los artículos periodísticos y las charlas radiofónicas es innegable: en muchas ocasiones se trata de dos textos interdependientes o, más directamente, de dos modos (uno para ser leído, otro para ser oído) de desarrollar un mismo pensamiento. Asimismo, parece obvio que una comparación sistemática de ambas vertientes creativas arrojaría nuevos y relevantes datos sobre el perfil ideológico y político de Casona, cuestión que ha dado lugar a no pocas controversias .


Teniendo en el horizonte la tarea pendiente de confrontar sistemáticamente las versiones orales y escritas del pensamiento casoniano, sólo pretendo en las siguientes páginas espigar los rasgos más característicos de las charlas radiofónicas y -siempre que la documentación disponible lo permita- diferenciarlas como género del artículo periodístico o el ensayo .


A primera vista (e insisto en la provisionalidad de estas apreciaciones), se diría que en la charla se acentúa más el “pecado” que una parte de la crítica achaca a la labor periodística de Casona: la falta de atención a la realidad palpitante, el decantarse por una gramática de la esencia, no de las contingencias; la ausencia, por tanto, de compromiso político o ideológico. En realidad, se trata de una crítica ejercida sobre la totalidad de la creación casoniana, y especialmente cruenta en el caso del teatro. Advertido de ello, el propio Casona se explicó en algún momento así:


En mis primeras obras hay dos direcciones claramente definidas: la de La sirena varada, que es el camino de la poesía y la fantasía, y la de Nuestra Natacha, que es el teatro testimonial (…). Las obras escritas en América, por razón de mi forzada neutralidad hacia el país al que estaba acogido, han seguido la línea poemática y abstracta de La sirena varada.


Efectivamente, la sensación de literatura evasionista que pueda tener gran parte de la obra casoniana pudo acentuarse en el exilio, donde el desarraigo y la desvinculación con el país (y sobre todo con el pueblo) para quien había comenzado a escribir teatro antes de la guerra civil se fueron haciendo más y más profundos . Aún así, la interpretación de la creación literaria de Casona –en cualquiera de sus vertientes-como objeto artístico nada comprometido no deja de ser sesgada y, a estas alturas, me atrevería a decir que miope; en definitiva, rehén de las opiniones –hasta cierto punto comprensibles- que la izquierda española más combativa mostró ante el fin del exilio del escritor . Es cierto que las charlas -como los artículos para la prensa y el propio teatro- no abordan en general temas de actualidad, no se acercan a la “realidad palpitante”, decantándose por asuntos transindividuales, atemporales, universales: la mujer, el tiempo, el amor, el diablo, el pecado, la virtud… Pero ni circunstancias puntuales (históricas o sociales) dejan de estar ocasionalmente presentes en estos textos ni, muchísimo menos, se descarta en ellos el gran tema casoniano, el del ser humano y, con él, su compromiso vital con la verdad:


“Yo no miento jamás en mi teatro… Por eso se me puede acusar, con razón, de estar desligado del dato contingente, pero no del hombre” .


Exigir, por tanto, a la obra periodística (de prensa o radio) de Casona la inmediatez de la noticia o la frescura de la anécdota no deja de ser, cuando menos, absurdo, si tenemos en cuenta que estamos ante un escritor precisamente grande por su capacidad de evocación, y por ese poder de acrisolar lo legendario que –según él- aprendió en la aldea y que permanece siempre por encima de referencias ocasionales.


Las consideraciones más recurrentes en torno a los textos periodísticos de Casona pueden muy bien estar representadas por las que al respecto vierte Joaquín Roy, quien opina que estos textos “desde el punto de vista periodístico no tienen casi valor: da lo mismo leerlos en 1955 que ahora. Son tan literatura pura como sus dramas” , añadiendo la siguiente afirmación:


Tradiciones, costumbres, tendencias literarias, la mujer, Lope y Calderón descuellan en sus escritos, pero no la actualidad internacional, ni siquiera la local. El mundo de Casona como periodista es un mundo cerrado de estudio de poeta, quizá el de prosa más cuidada entre los colaboradores españoles .


En mi opinión, la descalificación que la obra periodística de Casona ha merecido parte de un error de base: precisamente el empeño en considerarla obra periodística, cierta tozudez –me atrevería a decir- en encasillar estos textos en un género al que quizás no pertenecen. Pero indudablemente tomar ese camino, el de la duda, nos lleva a una pregunta muy difícil de contestar: ¿qué son las charlas radiofónicas? Su dimensión oral las aleja de lo considerado canónicamente crónica periodística y también del periodismo de opinión, y las acerca, más que a un género, a una práctica cultural tan antigua como el Humanismo: la disertación pedagógica, asentada en la literatura española desde el siglo XVI en sus diversas formulaciones de diálogos, epístolas, discursos, silvas o misceláneas. Como texto humanista, la charla casoniana descansa sobre la estructura fundamental de doctrina + experiencia, y se encamina, en primer término, a ejercitar la capacidad de análisis del receptor trufando el discurso de anécdotas que –siguiendo la vieja conseja del Calila- “envuelven la medicina en dulce”:


Tengo la impresión de haber sostenido con Vds. una larga conversación. Hemos recordado juntos viajes y aventuras, unas veces hasta los astros y recuerdos más remotos y otras veces, al contrario, hasta lo más próximo y entrañable del hombre: a sus amores, a sus celos, a sus virtudes y a sus pecados. Y algunas veces más adentro aún: hasta el fondo olvidado de la conciencia, donde esconde sus mitos y sus sueños (…). Y hemos descansado a menudo en el remanso turístico de la anécdota que es como el vaso de agua fresca para el caminante fatigado .


Se trata, por tanto y antes que nada, de textos pedagógicos; ¿hace falta insistir en las convicciones pedagógicas que anidan en la obra de Casona casi desde sus primeras letras? Sin entrar en reiteraciones, detengámonos un momento en dos textos representativos de lo que digo, perteneciente el primero a las charlas, y el segundo a las colaboraciones para la prensa escrita:


Un día tiene 24 horas, un kilo es el peso de mil gramos, y un metro es la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano. Perfectamente. Mientras se trate de medir pesos y superficies y distancias reales, todos los sistemas métricos son exactos, ya sean equivalentes, decimales o duodecimales. Pero en cuanto se trata de ideas o sentimientos, ya no nos sirve ninguno. Nuestro Sistema Métrico Espiritual está sin establecer todavía. Por eso nadie puede responder con certeza a ninguna de sus preguntas más elementales: “¿cuántos minutos dura una hora de angustia? ¿Por qué es tan corto el camino de ir y tan largo el de volver? ¿Cuánto pesa una lágrima desesperada?” .


Ayer, el más pequeño de mis vecinos, un arrapiezo de siete años, llegó del colegio llorando porque la maestra le había reñido enojadísima y le había puesto la peor nota de su corta carrera: un cero en castellano, por haber escrito la palabra flor con “h”. Reconozco que como iniciativa es un poco atrevida. Lo que no he conseguido averiguar es dónde diablos acertó a encajarle una “h” a una flor. Son hazañas ortográficas reservadas a esos niños de ojos de asombro que tienen el alma llena de cuentos y los dedos llenos de duendes. Gramaticalmente estoy con la maestra y con el cero; pero con el enojo no. No comprendo por qué cierta gente tiene que escandalizarse tanto ante una simple cuestión de forma, como si la deficiencia ortográfica fuera un delito contra la seguridad gramatical del Estado y un índice de peligrosidad para el futuro: “Ese ha sido. ¡Ese! ¿Y qué no será capaz de hacer el día de mañana un niño que empieza atropellando así las haches y las flores?” .


En estos escritos, como en tantos otros, sale a la luz el maestro krausista que siempre fue Casona, aquel que aprendió de su madre, Faustina Álvarez, los principios primordiales sobre la educación; el que en su primer destino como inspector de enseñanza primaria –Les, el pequeño pueblo del Valle de Arán- fundara la compañía de teatro infantil El pájaro pinto; el que asumiera con entusiasmo y emoción la dirección del Teatro del Pueblo encomendada por el Patronato de las Misiones Pedagógicas; el que, en fin, hablara por la voz de Natacha para defender una educación digna, igualitaria y encaminada a formar ciudadanos libres .


Casona, como siempre, obtiene en las charlas otra feliz comunión entre literatura y pedagogía (y habría que inventar un nombre que no fuera periodismo). Naturalmente, cuando hablamos de pedagogía no nos referimos a doctrina de maestro toscamente revestida de fábulas, sino a esa concepción tan casoniana de la enseñanza como ejercicio supremo de comunicación y de apertura -sin prejuicios- del pensamiento y el espíritu. Una perenne y extrema vocación pedagógica, traducida en un afán primordial por explicar y explicarse, y en un rechazo rotundo a la imposición y al dogma. Una anti-pedagogía en el sentido que le dio Cossío al fundar el Patronato de las Misiones . Como buen pedagogo, Casona no comienza nunca su charla desde la convicción, sino desde la duda; evita aparecer ante el oyente con un guión cerrado, prefiriendo partir de la desorientación: “No sería honrado si no empezara confesando que al elegir este tema pensaba ocuparme exactamente de lo contrario de lo que voy a escribir” .


Pero, ¿siendo textos pedagógicos dejan, por ello, de ser literarios? Recordemos que la crítica más reacia a otorgar categoría periodística a este corpus le atribuye, precisamente, un perfil “en exceso literario”, queriendo referirse con ello a su carisma “poético”, alejado otra vez de la realidad. ¿Habremos de entender con estos argumentos que literatura es sólo aquello desvinculado de lo real? Como método supone, cuanto menos, una percepción bastante roma del quehacer artístico. En lo que a su dimensión literaria (artística, por tanto) se refiere, habría que considerar que las charlas se instalan en el vecindario de ciertas escrituras vanguardistas del siglo XX, inclasificables muchas veces por huir de los cánones genéricos, y sobre todo reacias a la hora de poder determinar si son textos profundamente comprometidos con la crítica al sistema moral y social, o si por el contrario se trata de una creación caprichosa que vive de espaldas a cualquier conflictividad humana. Recordemos, por ejemplo, algunos textos “de oratoria” de Gómez de la Serna o la literatura más breve de Cortázar, las Historias de cronopios. Muchas charlas de Casona producen exactamente la misma impresión contradictoria que Instrucciones para subir una escalera o Instrucciones para llorar: tanto se acerca el ojo a la realidad que la lente se distorsiona y lo que se aprecia parece ser efecto de la fantasía. Sirviendo de crisol a este proceso está, siempre, el humor. Sainz de Robles no acierta a explicar el humor casoniano: “no es humor constructor, ni humor creador, ni humor temperamental, ni humor artístico, ni humor intelectual” . ¿Podríamos hablar de humor cronopiano? El proceso es el mismo: se observa la realidad minuciosamente y de la observación emerge la realidad en su propio absurdo, en su propia ridiculez; es humor de entomólogo: al mirar exageradamente cerca el objeto de estudio, éste pierde sus dimensiones “lógicas”, se deforma, adquiere dimensiones estrambóticas, ridículas o esperpénticas:


Abra usted cualquier tratado de geografía, busque la sección ríos importantes, y su primera sorpresa será comprobar que entre todos los que allí se le dan como importantes, no hay uno solo que tenga la menor importancia. Cosa lógica, ya que esos textos, destinados a desorientar a los estudiantes, tienen la pésima costumbre de medir la importancia fluvial por el número de kilómetros recorridos, la cantidad de agua arrastrada, en vez de clasificarlos de acuerdo con su prestigio universal .


Desorientación otra vez que ilumina y enseña. La misma que, en último término, hace imposible otra labor canónica de la filología: la clasificación de los textos: ¿de qué hablan las charlas radiofónicas? La propuesta que al respecto plantea Evaristo Arce en su antología más amplia de 1982 no sirve de mucho: la buena voluntad y el afán por guiar al lector en la maraña de pensamientos de Casona lleva al editor a etiquetar su selección de textos con títulos o bien nada orientativos (“La gente”, “Animales”, “El mundo de las cosas”), o bien referidos a la forma ocasional que el propio autor da a determinadas charlas (“Cartas”), o a elementos que encabezan los textos, pero que acaban siendo un tema desechado tras las primeras líneas, pues bien repite el de Besullo –como antes traíamos a colación- que una cosa es la idea que tiene para empezar a escribir (o a hablar) y otra cosa es lo que acaba escribiendo.


El pensamiento asistemático que sostiene las charlas –esa “larga conversación”- no es, sin embargo, incoherente. Como corresponde a un buen conversador (y a un pedagogo convencido), hay en cada texto una miniatura de todo su sistema cultural e ideológico. Una lectura atenta no nos puede llevar a engaño: el aparente desorden es pura coquetería, la espontaneidad oculta un programa escrupuloso, forma parte de ese sano exhibicionismo de actor que se percibe en su declamación cuando la charla se oye y no se lee. Ese sistema en miniatura que ofrece cada charla se mueve entre dos ejes esenciales: la pedagogía y la literatura. La primera alienta la voluntad y el modo de transmitir y acoge uno de los tres contenidos recurrentes: la moral; la segunda modula el humor, estiliza la erudición y el pensamiento y concentra los otros dos contenidos perennes: la creación artística y la tradición cultural (oral y libresca).


Así entendido, cada texto se organiza de modo similar, trayendo a colación temas ocasionales (léase la mujer, el amor, el pecado, etc.) que conforman la carne de una misma estructura, con más o menos pequeñas variantes ésta: a) Título / lema / motivo de arranque b) Experiencia vital (narración / eje pedagógico-moral) c) Experiencia literaria (referencias / erudición / tradición cultural) d) Descenso al humor / Efecto sorpresa / Cascada o recopilación


Tratemos de oír, para terminar, una de estas charlas. Se titula Teoría del alfiler, está fechada por Arce en 1960 y condensa, como tantas otras, esa honradez proverbial de Casona a la hora de unir pedagogía y literatura.


Cuando usted vaya al teatro o al concierto, a una lectura de poemas o a la inauguración de una exposición, no olvide este consejo de amigo: lleve un alfiler. Que usted se vista de smoking o del más sencillo gris, que prescinda de los gemelos o se le olviden las lentes para leer el programa, no importa. Pero, por favor, no olvide el alfiler. Yo hace muchos años que lo uso, y de lo único que me arrepiento es de los muchos que no lo usé. Le explicaré. La primera vez que yo sentí esta puntiaguda necesidad fue en una exposición de un pintor español, no tan extraordinario como él se creía, ni tampoco tan mediocre como se empeñaban en hacer creer sus colegas. En una palabra: lo que en buena definición artística se llama “un pintor distinguido”. Dueño de una buena técnica, pero con una tendencia desaforada hacia lo colosal: cuadros que cubrían paredes enteras como inmensos frescos, árboles gigantescos, marineros titánicos y mujeres ciclópeas con dedos que parecían muslos, y muslos como torsos, y torsos como elefantes. El conjunto era tan sobrecogedor que nadie se atrevía a hablar. A cuatro pasos de mí un niño contemplaba atónito todo aquello que para sus medidas debía resultar todavía más desorbitado, y de pronto preguntó en voz alta: -“Dime, papá, el pintor ¿cómo hace después para llevarse estos cuadros a casa?”. El padre contestó tranquilamente: -“Los desinfla”. No sé si lo dijo como una gracia, pero lo cierto es que todos los críticos de arte juntos no habrían encontrado dos palabras más exactas para rechazar aquella hinchazón pictórica. Allí pensé por primera vez en la necesidad artística del alfiler. Lección que ya nos dicta Cervantes cuando el truchimán del Retablo de Maese Pedro emplea demasiada retórica, y don Quijote le reprende con las famosas palabras: -“Llaneza, muchacho, que toda afectación es mala”. Antonio Machado, poeta de frugalidades, por boca de Mairena nos da otra versión de esta misma doctrina que rechaza el follaje y la ampulosidad como enemigos del arte verdadero cuyo ideal es la naturalidad desnuda. Juan de Mairena escribe en el pizarrón de clase: “Los eventos cuotidianos que acaecen en la rúa”, y luego se dirige a un alumno: -“Señor Gutiérrez ¿sabría usted poner eso en lenguaje poético? El alumno contesta sin vacilar: -“Sí, señor; lo que pasa en la calle”. –“¡Muy bien, muchacho! Siéntese”. Cuando ustedes ven el secreto no tiene ninguna complicación. ¿Qué ha hecho el alumno para merecer la aprobación de un maestro tan exigente como Mairena? Simplemente pinchar una frase inflada. Por eso no les aconsejo ir jamás a un teatro, a un recital, a una exposición, y mucho menos al Parlamento, sin llevar prevenido su alfiler. Prevenido, pero limpio ¡eso sí! No ese alfiler-aguijón con punta de veneno que suelen llevar los resentidos. No. Un alfiler hecho de mesura y de naturalidad, con su punta sana de ironía. Ese alfiler que todos necesitamos todos los días, como el alumno de Mairena y el padre de la exposición, para pinchar tanta oratoria grandilocuente, tanta literatura hidrópica, tanta pintura que pretende ser grandiosa y que es simplemente inflada.

21 marzo 2011

Cuentos gitanos

Cuentos populares de los gitanos españoles
(edición de Javier Asensio García)
Siruela / Las tres edades / Biblioteca de Cuentos Populares
2011

Los gitanos españoles guardan en su memoria viejos cuentos olvidados desde hace tiempo.
Destacan, sobre todo, los relatos épicos que nos hablan de héroes medievales como Bernardo del Carpio, Carlomagno, Roldán, Oliveros y Los Doce Pares de Francia, y es que el regusto por la épica –en la que se confunden personajes históricos y legendarios con las valentías de míticos gitanos de otros tiempos– es una de las particularidades de esta cultura. También destacan una larga relación de cuentos maravillosos donde se impone el reino de la fantasía y muchas leyendas –tenidas como ciertas por los gitanos– de almas en pena, aparecidos y encantamientos.
Cuentos que se han ido desgranando en las noches de invierno, en la soledad más absoluta de las acampadas a la intemperie, al amor de una lumbre que calentaba sus cuerpos pero que resultaba insuficiente para templar los miedos y temores de la larga noche gitana.



17 marzo 2011

La memoria de Oriente


Susana Weich-Shahak
Romancero Sefardí de Oriente. Antología de tradición oral
libro + CD
Autoridad Nasionala del ladino i su kultura
Editorial Alpuerto http://editorialalpuerto.es/

RESEÑA DE MANUEL NARANJO LORETO CEDIDA PARA ASONANTE

Con la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos se escribió una de las páginas más luctuosas de nuestra historia; con este éxodo se daba carpetazo a más de quince siglos de permanencia en tierras de Sefarad. Con ellos marcharon su lengua, sus costumbres y sobre todo una memoria que les ha acompañado por más de quinientos años. Los sefardíes son el recuerdo vivo de la España del XV, una prueba fehaciente de esas presencias arcaicas se halla en su lengua, el ladino, y en un generoso repertorio de coplas, dichos y romances compuestos desde entonces hasta nuestros días. No es por tanto un repertorio estático, sino mas bien dinámico, por cuanto han ido incorporando distintos elementos lírico-musicales que han ido configurando un catálogo peculiar en base al lugar de asentamiento después de destierro. El edicto de expulsión les obligó a refugiarse en distintos lugares supuestamente seguros, de esta manera pasaron a Portugal, Países Bajos e Italia, recalando al final en el Imperio Otomano, otra oleada optó por afincarse en el Norte de África e incluso hubo quienes pusieron agua de por medio y se fueron a las recién descubiertas tierras de América.

La antología sonora de tradición oral que hoy presentamos pertenece al enclave oriental, esto es Turquía, Grecia, Bulgaria, Bosnia etc., ya que a finales del siglo XV el gobierno del sultán Bayazit II abrió las puertas a los judíos procedentes de España, desplazando paulatinamente a la otra población de judíos bizantinos, los romaniotes. El imperio otomano supo rentabilizar la excelente “mano de obra” que se asentaba por sus fueros: médicos, hombres de letras, artesanos, impresores, un aluvión demográfico que se integró en sus propias comunidades, desde Constantinopla a Alejandría, desde los Balcanes a Jerusalén, manteniendo su organización comunitaria y sus autoridades rabínicas bajo distintas denominaciones en función de su procedencia y de esta manera denominaban así a sus sinagogas : Kahl de Aragón, de Toledo, de Córdoba, el de los italianos o el de Portugal , es decir, de aquellos expulsados que vinieron vía Italia o a través de Portugal.

Cuando la doctora Susana Weich-Shahak nos hace entrega de una nueva producción discográfica o, como en este caso disco-bibliográfica, nos congratulamos por cuanto su labor, callada y paciente, se ve colmada de satisfacciones con la localización de excelentes textos y melodías, hoy por desgracia en franca regresión, ya que muchos de ellos a punto de extinguirse en la frágil memoria de quienes atesoraron con tanto ahínco un repertorio de indudable valor para la cultura judeoespañola. Hoy esas colectividades se van diluyendo lentamente y los hijos de los sefardíes no prestan tanto valor a una lengua endogámica que prácticamente carece de utilidad para ellos sí no es el ámbito familiar, aunque poco a poco van surgiendo instituciones, webs, asociaciones que estimulan la utilización de la lengua sefardí y el conocimiento de sus cultura , es por ello que la recuperación de este repertorio no es sólo una necesidad, sino una obligación de todos, judíos y no judíos españoles, a fin de cuenta es un retal de nuestra historia común, la historia de todos que habitamos ésta “piel de toro”.

Dice sabiamente Samuel G. Armistead que “para la explicación de una lectura difícil, enigmática, en un texto, digamos de los Balcanes o de Turquía – o de donde sea - puede darnos la solución cualquier otra versión, originaria, por ejemplo, de Castilla o de Cataluña o del Brasil – o de donde sea –“, es por ello que las recopilaciones llevadas a cabo por la etnomusicóloga israelí se caracterizan por sus sistematización, analizando con sabia erudición los distintos aspectos y estructuras que soportan el complejo “edificio” del romancero y las tradiciones orales, especialmente los que tratan sobre melodía, ritmo, armonía, estructura formal, interpretación y variabilidad así como ocasionalidad y funcionalidad en la vida de los portadores de esta poesía anónima.

Del amplio repertorio que en este libro se hace gavilla destaca por número el interpretado por mujeres ya que como portadoras veían en el romancero sus cuitas, cuyos valores, conflictos, situaciones y preocupaciones servían como elementos que legitimaban su identidad. En cuanto al problemático origen de las melodías de estos textos orientales es cuando menos arriesgado y poco conclusivo ya que algunas piezas se articulan sobres melodías de claro origen europeo, bien en escala mayor o menor, otras adoptan recursos de geografías excluyentes, como es el caso de las melodías griegas o la gran influencia que ejerce el sistema melódico turco (makamlar). Como es costumbre el libro se acompaña de un cedé con 24 cortes, los cuales se hallan también pautados para los interesados en musicología.

Manuel Naranjo Loreto

03 marzo 2011

Folklore de Almería




La Tradición Musical en España Vol. 44
Tecnosaga WKPD-2111
RESEÑA DE MANUEL NARANJO LORETO CEDIDA PARA ASONANTE

Almería o Cádiz, según se mire, son la prueba evidente de la ausencia de transversalidad en muchos contextos. Culturalmente ambas unidades geográficas han desarrollado modelos privativos de territorios donde la orografía y la distancia ha jugado un importante papel en el carácter, en los modos y en los usos de quienes las pueblan, baste ver las comarcas del norte almeriense, que comparten con el sur de las tierras murcianas tantos elementos comunes que las fronteras administrativas son más un freno que otra cosa. Hoy las vías de comunicación han hecho más accesible la relación entre “ambos lados” de Andalucía pero hasta hace bien poco resultaba poco menos que una odisea ir desde un lado al otro.
La singularidad del trabajo de la serie “La Tradición Musical en España “que hoy presentamos radica en que son grabaciones de campo con un repertorio de tradición oral e intérpretes no profesionales. Este registro que hace el número cuarenta y cuatro del catálogo se dedica por entero a Almería estructurándose en cuatro partes : “El Calendario”, “Las Edades”, “Las Faenas” y “El Baile”, de esta manera conocemos cómo se articula la vida de los almerienses a través de sus músicas y los textos sobre los que se soportan.
En “El Calendario “se atiende al ciclo religioso cuyo paralelismo con el de las diócesis de Murcia y Guadix es evidente, de éste interesante período se destacan la Misa de gozo de Santa María, eran nueve misas que simbolizaban los nueve meses del preñado de María, siendo la última la Misa del Gallo. Las cuadrillas de Mojácar al salir de la misa del día de Santa Lucía salían por las cortijadas pidiendo el aguinaldo cantando el romance, composiciones estróficas que relatan la Anunciación harto difundidas a través de pliegos sueltos durante la decimonónica centuria. Las cuadrillas son agrupaciones de cuerda cuya misión es recaudar fondos dependiendo de su adscripción, como es el caso de las de Ánimas que dependen de una hermandad. Siguiendo con el repertorio religioso nos hallamos ante “Las Pascuas “ canto polifónico de carácter petitorio o “Las Parrandas” también de petición aguinaldo pero con instrumentos caseros y zambombas. Del repertorio instrumental hay que destacar un precioso pasacalles que llaman “Ligerillo de Chirivel” y unos toques de bocinas propios del Jueves y Viernes santo
Preciosos romances quedan atestiguados en este registro como “El de la muerte ocultada”, “La baraja de los naipes” y fijadas en la memoria quedan simpáticas coplas de carnaval hoy ya tradicionalizadas.
No se olvidan de las coplas de la Aurora, cuya difusión se debe a los dominicos y registran una interesante saeta de estilo llano y corto muy alejada del barroquismo flamenco.
En la sección dedicada a “Las Edades” destacan nanas y coplas para principiar la rueda, bailes-juegos que sirvieron para solaz de jóvenes, dando un espacio especial para “Las carreras” baile que se acompañaba de voces y palmas. Del legado colonial encontramos unas interesantes guajiras fruto de ese encuentro entre la africanía y la hispanidad cubana.
De la parte que toca a las faenas en Almería oiremos un interesante repertorio que va desde cantos de siega y trilla a las faenas de la uva, cerrando con la sección dedicada al baile, donde sin duda las seguidillas tienen un lugar preeminente que en ésta zona denominan torrás o parrandas, dependiendo del lugar. En cuanto al fandango hay que decir que es uno de los pilares de la música hispana junto con la jota, en Almería hallamos varios estilos dependiendo del ritmo, que bien pueden ser abandolaos , ”de golpe” así como varios estilos de malagueñas.
En cuanto a los bailes y cantes cortijeros se destacan en esta grabación varios fandangos y una jota, cerrando con el corte número cuarenta un canto de columpio o de meceor con así lo denominan.
Nos alegra que salgan estas grabaciones porque demuestran a todas luces lo aun nos queda por descubrir.

Manuel Naranjo Loreto

26 febrero 2011

Congreso: Novela corta y Teatro en el Barroco Español


01 febrero 2011

Sones dels Barrejats


AL SO DEL SO es el primer disco de EL SO DELS BARREJATS, un grupo de alicantinos unidos por la devoción a la música tradicional. De sus trabajos de campo por tierras de Alicante, Almoradí, Benejúzar, Benimantell, Orihuela o Sella sale este trabajo, lleno de homenajes a las gentes jóvenes y viejas de ese mediterráneo, y plagado de alegría por la palabra y los ritmos populares de la montaña, la huerta y la costa. Hay jotas, fandangos, aguilandos, malagueñas, canciones de pascua, seguidillas, un chotis viejo incluso... Y un delicioso vals, Roseta la del molí, que conviene bailar con memoria, amor y reverencia... Baste saber que fue recogido por Jorge Cobos en 2001 en el Barrio de San Gabriel de Alicante, donde lo cantó Manolita Marco (hija de "Pepe el Negre") recordando cómo la cantaban las mutxameleras que trabajaban en la antigua fábrica de sacos en los años 50.

21 enero 2011


Aurelio M. Espinosa:
Cuentos populares recogidos de la tradición oral de España.
Introducción y revisión de Luis Díaz Viana y Susana Asensio Llamas.
Madrid. CSIC. (Serie De acá y de allá. Fuentes etnográficas, nº 4). 2009. 868 págs.

Reseña publicada en Revista de Literatura (CSIC), 2010, julio-diciembre, vol. LXXII, n.o 144, 651-653, ISSN: 0034-849X


La colección de cuentos de Espinosa es deslumbrante. Parece una obviedad. Y deberíamos saberlo, pero la edición en un solo volumen (reunidos los 280 etnotextos con sus estudios correspondientes) que ahora publica el CSIC desborda el respeto que pudiéramos tener al folklorista y lo convierte en devoción.
Aurelio Macedonio Espinosa (1880–1958), oriundo de El Carnero, una pequeña aldea del Valle de San Luis (Colorado), era un ya experimentado profesor de la Universidad de Stanford cuando en el verano de 1920 llega a España -comisionado por la American Folklore Society- con el propósito exclusivo de recoger cuentos de la tradición oral peninsular. Una tradición en la que él había situado la raíz y el fundamento de la narrativa popular americana, muy bien conocida por Espinosa a esas alturas, tras casi veinte años dedicado a su recolección y estudio. Al trabajo de campo precede, pues, la teoría, y ésta se funda en la convicción de que la gran mayoría de los cuentos son de procedencia oriental, y que ha sido España –y especialmente el crisol de culturas que fue España en los siglos medievales- el punto de partida de la difusión de esta literatura en la otra orilla del Atlántico. Sus convicciones evolucionistas lo sitúan en la órbita del folklorismo europeo; sin embargo, en ningún momento llega a desvincularse de la escuela norteamericana, con la que comparte –entre otras cosas- la identificación del folklore con folk literature, a saber: literatura popular.
Es pues Espinosa “un folklorista entre dos mundos”, como con claridad explican Luis Díaz Viana y Susana Asensio en su estudio introductorio, a la luz del cual se comprende (desde la difícil sintonía entre sencillez y erudición) la riqueza inusitada de esta colección de cuentos y, por ende, su trascendental importancia para los estudios etnográficos. Como se comprenden con igual naturalidad las paradojas vitales que el objeto folklórico –aquí el cuento- ha venido experimentando en la historia de la investigación merced a su capacidad identitaria, a su vocación inherente de actuar como testimonio del “alma del pueblo” que lo usa.
El caso es que la edición (Universidad de Stanford, 1923-26) y la reedición (CSIC, 1946-47) de esta frondosa colección de cuentos fueron posibles en buena medida gracias a la intervención de dos investigadores más distantes en la ideología que en el tiempo: Ramón Menéndez Pidal y Ángel González Palencia respectivamente.
No glosaremos las circunstancias ni los resultados de la concurrencia de González Palencia en la publicación española de la obra de Espinosa, pues bien jugosa resulta la introducción de Díaz Viana y Asensio Llamas en este sentido, y a ella remitimos al lector interesado. Sí es sumamente interesante y del todo conmovedor acercarse al momento en que se encuentran Menéndez Pidal y Espinosa, en el verano de 1920, cuando el segundo desembarca en España e inmediatamente se pone en contacto con el Centro de Estudios Históricos, convencido de que en la persona del maestro Pidal hallaría la llave de su búsqueda.
Así fue. De la entrevista con Menéndez Pidal obtiene Espinosa un mapa orientativo y una indicación certera de por dónde comenzar la recolección: Cantabria. Su paso por la antigua provincia de Santander y, sucesivamente, por las de Palencia, Burgos, Valladolid, Soria, León, Zamora, Segovia…, lleva al investigador americano del interés al entusiasmo, de manera que al culminar los cinco meses que duró su recolecta llega a manifestar su deseo de que sus protectores de la American Folklore Society le subvencionen un nuevo viaje a España, pero no de cinco meses, sino de cinco años. Anécdotas aparte, merece mencionarse la correspondencia mantenida entre Espinosa y Pidal a lo largo del periplo de aquél, hoy depositada en el Archivo Menéndez Pidal-Goyri . Cartas de navegante que van trazando el derrotero del profesor americano y que van describiendo el deslumbramiento ante la tradición peninsular que hará expreso en la introducción que pone al frente de la edición de 1923: “Los cuentos populares se encuentran en España en todas partes. Lo único que importa es conocer el material tradicional y escoger los buenos (…). Los cuentos y los romances abundan dondequiera. España es un país viejo, sanamente viejo, y la tradición oral está todavía en pleno vigor”.
Ignoramos si, antes de su viaje a España, Espinosa conocía la médula del romancero hispánico, ésa que llega a comprender emocional e intelectualmente cuando –a instancias de Don Ramón- incluye en sus pesquisas la búsqueda de baladas romancísticas. Lo cierto es que hechizado –como tantos otros- por la fe pidaliana en la vitalidad del romancero, Espinosa recoge con igual entusiasmo tanto los anhelados cuentos españoles como los romances que le van saliendo al paso. En esas cartas que citamos hay innumerables testimonios de ello. Así, en una fechada el 19 de julio de 1920 dice: “Después de molestarle y hablar con Vd., se aumentó al 100% el grande interés que siempre tengo por el Romance Tradicional. Me decido a ayudarle activamente recogiendo cuantos podré recoger romances. Dígame Vd. qué romances le hacen falta, como ya convenimos, de qué regiones, etc. y también sería bueno, ya que yo todo lo he de escribir a máquina (me acompaña una máquina Corona), que se sirviese indicarme la forma en que Vd. los pone a máquina”; en otra del 14 de agosto escrita en la Fonda Ávila exclama: “¡Qué bella es España, qué buena su gente! Este es el verdadero país de la libertad personal. Todos me ayudan, nadie me molesta. Aquí en esta misma fonda hablé con el señor de la fonda y anoche me envió al cuarto dos criados que sabían romances y cuentos”; y convertido ya en sistemático recolector de romances avisa así de sus descubrimientos en una epístola enviada desde Calatañazor (Soria), el día 18 de septiembre: “Aquí van 6 Bodas estorbadas, 2 de Burgos, una de Santander, una de Aragón, una de Valladolid y otra de Valencia del Cid; y 2 Gerineldos sorianos, muy buenos y con sus respectivas Bodas estorbadas y uno sin la Boda”.
Puede que la comunión establecida con Menéndez Pidal (esa impresión tenemos) generara en Espinosa un interés singular por los cuentos que iba recolectando. De hecho, parece que las cuestiones que a él le parecen trascendentales a la hora de afrontar el estudio de la cuentística hispánica están íntimamente vinculadas a la perspectiva que por aquel tiempo prevalecía en los estudios del romancero por parte del matrimonio Pidal-Goyri. En tal sentido, Espinosa declara en su introducción a la primera edición de Stanford que la problemática que afronta en los cuentos populares es triple: su origen, su razón de ser (correctamente interpretada por Díaz Viana y Asensio Llamas como su “funcionalidad”), y la transmisión y evolución de los temas literarios.
Más allá de sus declaraciones explícitas, da la impresión de que el contacto de Espinosa con el mundo del romancero le reportó una compresión esencial de la dinámica de lo tradicional, de esa “noción de apertura” que María Goyri había sistematizado casi sin saberlo en su estudio de La difunta pleiteada de 1909 ; y, si vamos a sus Notas (a esos comentarios tan iluminadores que ahora se publican junto a cada grupo de cuentos), da la impresión incluso de que la obra de Espinosa se adelanta a su tiempo percibiendo la vecindad entre los géneros tradicionales, cuento y romancero, e identificando lo que andando las décadas habría de formularse como “fábulas” y “modelos actanciales”.
Proverbial es en este sentido el estudio de los cuentos de encantamiento, y en especial el correspondiente al grupo de La niña perseguida. Sin descubrir secretos que es menester que el lector vaya desvelando y disfrutando, alentamos a la lectura de este puñado de relatos a la luz de sus notas; y al goce de bucear en la siempre misteriosa dinámica de la tradición oral que muy pocos saben explicar. Espinosa –conocimiento, sentido común e intuición a la vez- sabe hacerlo, y conviene leer por ello ese universo entretejido hilo a hilo en el que el cuento popularísimo de La niña sin brazos y añejas baladas de tema incestuoso como Silvana o Delgadina se entrelazan en la memoria, la expresión y el deseo.
Agradecemos, en fin, el regalo que los editores nos hacen de esta edición de todo lo que sabía Espinosa: un corpus y unos estudios que estos tiempos nuestros han desahuciado.

Tradición y modernidad de la literatura oral

Este libro es el resultado editorial del segundo encuentro de investigadores de la literatura infantil en el CEPLI de la Universidad de Castilla-La Mancha, el cual tuvo lugar en noviembre de 2009.
Los elementos formativos del cancionero popular, la literatura oral en el sistema escolar moderno, tradición oral e internet, la universalidad de la narrativa oral o la poesía tradicional que pasa desapercibida, son algunos de los temas tratados.
Se abordan algunos aspectos actuales de la literatura popular, con una mirada especial para la que es de específica tradición infantil, desde distintas perspectivas: folklorista, antropológica, sociológica, didáctica y filológica. En la última parte del libro una serie de artículos rinden homenaje a Ana Pelegrín.

06 enero 2011

El manantial de los silencios: Antonio Gómez Rufo


Antonio Gómez Rufo acaba de editar El manantial de los silencios (Murcia, Alfaqueque Ediciones, 2010), un libro-trilogía que recoge sus novelas fundamentales: Las lágrimas de Henan, El alma de los peces y Adiós a los hombres.

Con vocación de libro de lectura y de estudio, de mesilla y biblioteca, encabezan la trilogía cuatro prólogos: FUSIÓN DE HIELO Y FUEGO, por Françoise Dubosquet-Lairys; TRES NOVELAS CON PERSONAJE, por Pedro Ruiz Pérez; POETICA RUFO, por María Jesús Ruiz Fernández; LOS MIEDOS DE JUAN, por Antonio A. Gómez Yebra.



Lecturas, información y videos sobre la trilogía en la página web del autor:
http://www.gomezrufo.net/ol_novelas_manantial.htm



Poética Rufo -el prólogo de María Jesús Ruiz- en:
http://romancerogomera.blogspot.com/2011/01/poetica-rufo.html


05 enero 2011

La maleta de Josefina





LA MALETA DE JOSEFINA (UNA COLECCIÓN DE LECTURAS DE LOS NIÑOS DE LA GUERRA DE ESPAÑA EN LA UNIÓN SOVIÉTICA)

Artículo publicado como homenaje a Ana Pelegrín en Tradición y modernidad de la literatura oral (ed. de Pedro C. Cerrillo y César Sánchez Ortiz), Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, CEPLI, 2010, págs. 279-295

Introducción

Dicen algunos de los que contribuyen a un reciente homenaje a Ana Pelegrín que Ana implica a los amigos en su trabajo “mandándoles tarea”, esto es, convenciéndolos de que para el asunto que tiene entre manos es urgente e imprescindible su colaboración y que, por tanto, no tienen otro remedio que ponerse manos a la obra. Es verdad.

El último de mis intensos encuentros con Ana Pelegrín fue en 2006. Ella estaba ultimando la elaboración del catálogo de libros infantiles del exilio del 39, su Pequeña memoria recobrada y –como otras veces- me lió. Primero me encargó la tarea de escudriñar y resolver los entresijos del teatro infantil de Alejandro Casona, cuya creación y cuyo exilio melancólico empezaban a deslumbrarme. Después, me anunció que, aparte de los libros desterrados en América, había otros exilios de libros infantiles, el de los Niños de la guerra evacuados a la Unión Soviética, y que tendríamos que proponernos conocerlos y dar noticia de ellos...

Seguir leyendo:
http://romancerogomera.blogspot.com/2010/10/la-maleta-de-josefina.html

27 septiembre 2010

Panhispánico II


José Manuel Fraile Gil
Antología Sonora del Romancero Tradicional Panhispánico II
Edita: Cantabria Tradicional
2010






A la espera de que la vida cotidiana me conceda un tiempo para elaborar una reseña más detenida de este nuevo tesoro publicado por José Manuel Fraile, me apresuro a dar noticia de su alumbramiento, celebrado el pasado mes de junio en la Feria del Libro de Madrid.
El tan esperado segundo volumen del Panhispánico recoge 160 temas baladísticos procedentes, entre otros, de distintos enclaves de España, Marruecos, Portugal, Brasil, Grecia, Honduras, Turquía, Colombia, Cuba, Chile o Estados Unidos. Cada uno de los temas tiene su eco sonoro en los CDs que acompañan al libro. Y una excelente introducción nos lleva a comprender la misteriosa y longeva vida del romancero porque responde a la pregunta que pocos se han planteado: ¿por qué se canta?
RESEÑA DE MANUEL NARANJO LORETO CEDIDA PARA ASONANTE EN:

http://romancerogomera.blogspot.com/2011/03/voces-panhispanicas.html

07 septiembre 2010

Novedades: El jardín de la voz


El Jardín de la Voz: Biblioteca de Literatura Oral y Cultura Popular
es un portal que publica estudios e investigaciones de carácter etnográfico, antropológico, literario y sociohistórico relacionadas con la literatura, la lengua, las creencias, los rituales, las costumbres, las artes y la memoria del pueblo.
Aspira a dar a conocer de manera abierta y gratuita monografías de alta calidad científica que contribuyan a la recuperación y el estudio de la cultura tradicional.
Todas las monografías publicadas llevan su correspondiente código de ISBN y son integradas de manera inmediata en las bibliografías académicas internacionales.

30 marzo 2010

Ritos de ascensión y de paso

Ritos de ascensión y de paso en la fiesta del columpio
Artículo publicado en Romania Occidentalis – Romania Orientalis. Volum omagial dedicat Prof. Univ. Dr. Ion Talos (Editat de Herausgegeben von Alina Branda, Ion Cuceu). Editura Fundatiei pentru Studii Europene, Editura Mega, Cluj-Napoca (Rumanía), 2009, págs. 597-608.

El corpus lírico que ilustra este trabajo es una pequeña muestra del amplísimo repertorio de coplas que diversos recolectores hemos podido recoger en los últimos años a los transmisores andaluces que conocieron y gozaron de la fiesta del columpio . Hasta por lo menos la guerra civil española, y desde –que sepamos- el siglo XVI, columpios, bambas y mecedores (los tres términos se utilizaron) aglutinaron la diversión tradicional en Andalucía en dos períodos muy significativos del ciclo anual: el Carnaval y la primavera. En uno y otro caso, la fiesta del columpio convocaba la celebración de los sentidos en las fronteras de la Cuaresma, significándose así como un ritual de inversión, como una exaltación del deleite terrenal y, más en concreto, como el ceremonial por excelencia del cortejo y el galanteo...
Leer más:

http://romancerogomera.blogspot.com/2010/03/ritos-de-ascension-y-de-paso-en-la.html

08 marzo 2010

Exilio y melancolía del teatro popular de Casona


EXILIO Y MELANCOLÍA DEL TEATRO POPULAR DE ALEJANDRO CASONA

Publicado en Exilio y Artes escénicas - Arte eszenikoak erbestean (coord. Iñaki Beti Sáez y Mari Karmen Gil Fombellida). Editorial Saturraran - Hamaika Bide - Universidad de Deusto. San Sebatián, 2009, págs. 157-175

El regreso a España de Alejandro Casona desde el exilio argentino en 1963, cuando aquí se vivía uno de los peores momentos de represión y de lucha contra la Dictadura, estuvo rodeado de polémica. Pese a que el autor se había negado en las décadas anteriores a que sus obras fueran representadas en “la España de Franco”, y pese a que explicó que su vuelta se producía, ante todo, por una extrema melancolía y por “una premonición de la muerte que es la voz de la sangre” , el éxito mayúsculo que sus obras obtuvieron en los años sesenta –conocido como “Festival Casona”- fue interpretado como una deserción política del autor, e incluso como una adscripción interesada al Régimen con el que era tan necesario acabar. Con el paso del tiempo, tales críticas han ido produciendo una lectura sesgada de la producción teatral y del compromiso ideológico de Casona. En dicha interpretación sólo se ha tenido en cuenta su “teatro burgués”, discriminando el teatro popular y haciendo, en todo caso, una lectura parcial del primero.


19 febrero 2010

Columpios. Reseña de Luis Díaz Viana


Reseña de Luis Díaz Viana para la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares (julio-diciembre de 2009), págs. 242-243.

RUIZ, María Jesús; José Manuel FRAILE GIL y Susana WEICH-SAHAK:
Al vaivén del columpio. Fiesta, coplas y ceremonial
(Cádiz: Universidad de Cádiz y Diputación), 185 pp.


Es éste que comento un libro con vocación –en apariencia- de “obra menor”, pero de permanencia, casi modesto por su tamaño y la sobriedad de la edición, pero delicioso en la forma y en el fondo, en el tema que trata y en el cuidado con que se ha tratado. Creo que es el tipo de obra que le hubiera encantado leer y coleccionar a un Julio Caro Baroja, almacenando en su biblioteca y su mente (lo que venía a ser más o menos lo mismo) pequeñas sabidurías, exquisitas erudiciones que esta obra atesora y él habría podido sacar a relucir –después- en un breve artículo o una fugaz conversación. Y es un libro también que –sin duda- hubiera agradado a Ana Pelegrín, investigadora a quien la obra viene dedicada, porque dedicó su vida y su trabajo a enaltecer –precisamente- el valor de las cosas o las creaciones pequeñas, de la poesía, la música y el arte que pasan de puntillas, casi desapercibidos, entre el fragor de lo cotidiano.

Estamos, en fin, ante una obra con ecos de otro tiempo, por el asunto -que a muchos parecerá trivial y pasado de moda- y por la manera minuciosa en que los autores se aplican a su estudio. Solamente el Capítulo V, que se ocupa de las “Referencias literarias y testimonios antiguos” acerca del columpio podría constituir un tratadillo del tema, tan bien escogidos están los párrafos y tan relevantes resultan las obras seleccionadas. Y aprovecho para hacer notar aquí que el libro -que incluye CD con grabaciones de campo de distintas provincias y lugares- está estructurado como si fuera de un autor y no de varios, perfectamente cohesionado, no dejando nada importante sin tratar. Así que viene de suyo que haya en él –de un lado- un apartado gráfico, con reproducciones de obras de grandes pintores que tomaron el columpio como tema, y –de otro- una “banda sonora” interpretada por la gente misma que se entretuvo, divirtió, se hizo mayor y enamoró en torno a los columpios. Repertorio musical, analizado –por cierto- específicamente en sus aspectos melódicos en otro de los capítulos.


Pues bien, este librito de bella presentación y elaboración detallada tiene –además- en su mismo planteamiento una originalidad destacable. Y no sólo porque aborde un asunto poco tratado y peor conocido, un tema concebido por la inmensa mayoría como menor, casi insignificante y en el peor sentido de la palabra “folklórico”, que evoca tipismos y Españas del pasado. Ni porque trate de un tema diminuto a lo grande, que es lo contrario de lo que suele hacerse más ahora, donde quienes pretenden estar siempre a la moda picotean por grandes temas destrozándolos –a menudo- de forma precipitada y chapucera. Lo más singular de este libro es un enfoque tan etnográfico que ha hecho del contexto texto y pretexto, de la circunstancia de columpiarse ocasión para estudiar formas ya casi desaparecidas de festejar, cantar y cortejar en España durante los últimos siglos.


No podría decirse, de otro lado, al comentar el libro que tal autor ha hecho esto y aquél lo otro, aunque así fuere, ya que lo importante es que se entreveran sus quehaceres y apreciamos una concepción global de la obra, muy de agradecer en los trabajos colectivos. Abre Mª Jesús Ruiz los estudios ocupándose de “El columpio en Andalucía: una poética del galanteo”, un trabajo que rebosa caudal etnográfico de primera mano, con el que se llena -más que se ilustra- un recorrido tanto cultural como lingüístico por las topografías físicas, rituales y temporales del columpio y su mundo de cortejos. Sigue en el Capítulo II José Manuel Fraile Gil aportándonos, en “El columpio infantil. Al vaivén de la retahíla”, una visión más “niña” o “naïf” del columpio, con sus juegos y retahílas entretejidos en torno a ese regocijado y ensoñador acto de mecerse que –casi sin darnos cuenta- conduce a las personas de unas edades a otras. Y viene -luego- el Capítulo III, donde Susana Weich-Shahak aborda –con el carácter casi de una “minimonografía”- el tema de “El columpio entre los sefarditas de Marruecos: la Matexa”, asunto que queda complementado por el Capítulo IV en el que, bajo el título de “El repertorio musical, breve análisis de las melodías”, la misma autora da un repaso etnomusicológico al conjunto de canciones recogidas en el CD que acompaña al libro. Y, por último, tras esa especie de apéndice musical, termina la obra con el Capítulo V de Referencias literarias y testimonios antiguos”, preparado por José Manuel fraile Gil y María Jesús Ruiz, al que ya me he referido con anterioridad. En él se va, desde los orígenes sacros que Sebastián de Covarrubias y Rodrigo Caro buscan para este artilugio en los testimonios de los autores de la Antigüedad grecolatina, a las picaronas anécdotas decimonónicas narradas por Armando Palacio Valdés, de cuya mano descubrimos por qué a algunos jóvenes y adultos les gustaba tanto ver columpiarse a las mocitas casaderas. Erótico secreto ya desvelado por Fragonard –un siglo antes- en la pintura El Columpio o Los alegres riesgos del columpio, donde se nos muestra la perspectiva nada inocente que podía adquirir el despreocupado juego del balanceo.

Leer estas páginas ayuda a hacernos comprender –de otro lado- que, aunque a menudo parezcan confundirse, “vida cotidiana” y “cultura popular” no son exactamente lo mismo. Que, aunque los niños siguen columpiándose hoy, en esos parques iguales en todas partes, han dejado de hacerse en torno al columpio muchas de las cosas que se hacían, de cantarse todo lo que se cantaba, de cortejarse los jóvenes como se cortejaban, llegando a caer –ocasionalmente- los mancebos en arrobo ante el fulgor de unas enaguas o lo que pudiera adivinarse más allá. La práctica del columpio permanece, pero apenas ya se canta, ni se dice, ni se juega fuera del mero vaivén propiciado por él. Han cesado a su alrededor la poesía y la música. Fue languideciendo la cultura popular que lo rodeaba, desde los saberes añejos a los profundos prejuicios. Dejó de inventar y transmitirse la gente todo lo que el columpio aparejaba , todo el conocimiento que cada momento y rito hacían aflorar, hasta que la vida cotidiana se fue pareciendo cada vez más a un paisaje triste, en el que nada más quedaban –como en algunos museos de etnografía- los artefactos antiguos y solos.

LUIS DÍAZ VIANA

14 diciembre 2009

El folklore de Villavelayo


El próximo jueves 17 de diciembre la Asociación Espiral Folk de Alberite
presenta su último trabajo recopilatorio, el CD titulado:
Marino Herrero y el Folklore de Villavelayo,
un disco que incluye un total de 31 temas:

Un villancico
Rondas de mozos tras el sorteo de novias en la Nochevieja
Un vals de acordeón
Epitalamios
Albricias de la Pascua de Resurrección
Pullas
Dos canciones de esquileo
Jotas de ronda
Cuatro melodías de danza procesional interpretadas a la gaita y el tambor
Dos conjuros infantiles
Cinco romances tradicionales
Once cuentos tradicionales


Se trata del volumen número 6 de la colección Música tradicional y
cultura oral de La Rioja.

06 diciembre 2009

Nuevo Cd de Arboleras


ARBOLERAS:
DE LAS ALTAS MARES
ECOS SEFARDIES DE LA ISLA DE RODAS

( Romancero, Cancionero y Coplas sefardies de tradicion oral)


Dirección y producción: Susana Weich-Shahak / Arboleras: Susana Weich-Shahak, Eliseo Parra, José Manuel Fraile, Francisco Ortega y Carmen Terrón / Colaboran: Dolores Caloca, Dimitri Psonis, Albert Sabanoglu, Alfredo Valero y Karin Rosenfeld.
Edita Casa Sefarad Israel - Autoridad Nacional del Ladino y su Cultura
Distribuye KARONTE

RESEÑA DE MANUEL NARANJO LORETO, CEDIDA PARA ASONANTE

A los judíos asentados en la isla de Rodas se les conocía como romaniotes (bizantinos), de los que ya habla el historiador judío-romano Flavio Josefo y el propio San Pablo, aunque los primeros testimonios datan del II a. C. relatados en el Libro de Macabeos.
Tomada en tiempos de las cruzadas por los Caballeros de San Juan a principios del siglo XVI las comunidades romaniotes se ven forzadas a convertirse hasta que en 1522 en que es conquistada por los turcos para el Imperio Otomano vuelven a retomar su fe. Momento que aprovecharon los judíos expulsados de la Península Ibérica y que en gran oleada se establecieron gracias a los estímulos que ofrecía el sultán Suleiman, quien otorgó una serie de privilegios para los sefardíes asentados que iban desde libertad religiosa a la exención de impuestos, entre otros. Fue tan próspera la comunidad sefardí de la isla de Rodas que su número de habitantes llegó a ser mayor que el de los turcos y donde la lengua más hablada era el judeoespañol. La comunidad de judíos romaniotes no tuvo reparos en aceptar las costumbres de los judíos procedentes de España y Portugal.
Es el en XVI cuando se inicia la época dorada de los judíos de Rodas hasta que a lo largo del siglo XIX se producen circunstancias dolorosas para la comunidad: falsas acusaciones, incendio del mercado, un terremoto y el apresamiento de judíos comerciantes por piratas.
La inestabilidad del Imperio Otomano provoca que un buen número de judíos de Rodas emigren a tierras con mejores perspectivas de futuro, se establecerán comunidades en Buenos Aires (Argentina), el Congo Belga, en Sudáfrica y en EE.UU., entre otros lugares . Por otra parte un serie de hechos luctuosos marcará la historia de los judíos de la isla de Rodas en el siglo XX, ocupada por los italianos desde 1912 la llegada de Mussolini al poder sería la antesala de un período de terror, en 1930 el dirigente fascista promulga sus Leyes Raciales siendo este el principio de una serie de persecuciones que culminará con la deportación de casi la totalidad de la comunidad a los campos de exterminio nazis, sólo unos pocos se salvaron.
Este registro doble rinde tributo a los descendientes de la comunidad sefardí de Rodas, hoy diseminados por el mundo, un testimonio vivo, un evocador recuerdo de unas de las comunidades que mejor han guardado sus señas de identidad: la judía y la española.
El primer cd se dedica al Romancero y a las Coplas sefardíes , en total once textos romancísticos cuya mesura se estructura sobre versos octosilábicos, excepto dos de ellos, que lo hacen sobre doce sílabas cantándose con una estrofa musical repetida que divide la serie de versos rimados en una estructura estrófica . Este catálogo de romances se hayan también presente en la tradición hispánica aunque con melodía distinta usado habitualmente como canción para acunar. La “romanza”, como así lo denominan los sefardíes, forma parte de su entorno más cercano, el doméstico, tanto que la mujer sefardí siempre se ha identificado plenamente con las historias y los personajes que en los romances se citan, a través de estos textos cantados expresaban sus alegrías y sus penas.
Inicia el disco unos de los primeros textos anotados, el de “La Dama y el Pastor “ siguiéndole una interesante versión hexasilábica, “La Hermana Cautiva” que también se le conoce como “Don Bueso y su Hermana” y que en Jerez denominamos “Al pasar por Casablanca”, así hasta un número de once romances , seguidos de siete Coplas Sefardíes composición obra de copleros judíos para las festividades del ciclo anual hebreo cuya función era transmitir los conocimientos, los valores, creencias y para reflejar eventos y situaciones históricas, en muchos casos, con carácter didáctico. De estructura estrófica tanto en su melodías como en su texto suelen llevar estribillo, de tal manera que la interpretación de ésta forma lírico-musical es colectiva, estas coplas se estructuran sobre terceto monorrimo de versos largos con cesura y en cuartetas de rima zejelesca.
El género más variado del repertorio judeo-español de Rodas es el Cancionero, tanto en músicas como en textos es el más permeable a la incorporación de términos y expresiones de otras lenguas, una muestra evidente de lo influyente que ha sido el entorno y las modas de la música popular, en este variopinto repertorio se hayan las Cantigas de tema amoroso; las Cantigas de boda; los Cantares acumulativos y algunas canciones de aire popular .
Cuarta entrega de la formación Arboleras que, como es costumbre, se haya coordinada por la Doctora Susana Weich-Shahak con el concurso de sus dos habituales compañeros de viaje, José Manuel Fraile y Eliseo Parra, así como un buen número amigos que ha puesto mucho corazón en ésta antológica grabación que merece no sólo un espacio de honor en nuestra discoteca sino que, además, debería estar en las mejores fonotecas y bibliotecas de nuestro país. Creo oportuno decir que es un trabajo que refleja muy bien el discurso musical judeo-español de esa parte del Mediterráneo , ya que se respetan fielmente los modos y las ejecuciones musicales de medio oriente y muy en especial la dicción, no es pues una revisión edulcorada de las músicas sefardíes es, si cabe, una relectura de un modelo musical hoy en franca regresión.

25 noviembre 2009

El coro a dos voces


FERNANDO QUIÑONES:

LAS VOCES DE LA AUTOBIOGRAFIA


Los novelistas del Siglo de Oro acostumbraban a prologar sus relatos con excusas y explicaciones no pedidas sobre la veracidad de los mismos. Luego, ya en la narración, no satisfechos de sus preámbulos, suspendían a cada momento el sentir de sus personajes para tomar la palabra y advertir al lector sobre el significado de la peripecia novelesca. Tales intromisiones en el acontecer literario no deberían resultarnos molestas, y tampoco deberíamos interpretarlas como interferencias de la realidad del autor en el espacio imaginario. La verdad es que aquellos hombres estaban inventado la novela y, cautivos de su propio quehacer, habían perdido la llave que incomunica la verdad de la mentira, así que deambulaban prodigiosamente desorientados entre una y otra, quizás sin ver del todo que de su despiste había de surgir un mundo nuevo, el de la ficción.
Como un escritor del Siglo de Oro, devorado por las letras, escribe Fernando Quiñones El coro a dos voces, una obra plagada de mentiras a las que me veo obligada a desdecir.
Para empezar, no son dieciséis relatos, sino algunos más, los que componen este libro. Hay, sí, dieciséis universos poblados por personajes y aconteceres que reconocemos de inmediato como literarios, porque la voz autorizada de un narrador así nos lo ordena. Pero hay al menos un relato más que sirve de marco ficticio al resto de las invenciones, y que se comporta como una trama tenue sobre la que el autor teje e hilvana su imaginación. Este relato se abre con lo que Fernando Quiñones titula Cuatro palabras y tiene su desenlace con lo que llama Cierre. Pocos datos más tenemos de él: acaso, alguna circunstancia que amablemente el autor desliza, como descuidado, en fragmentos dispersos, como el que prologa el relato sexto (Nardi, un retrato antiguo).
Esta narración disimulada es tan apasionante como las demás: cuenta la historia de un hombre que dice llamarse FQ y ser escritor. Y cuenta cómo este hombre se fue encontrando con varias maneras de decir, y se fue encontrando con otros hombres y mujeres que le pedían que dijera por ellos de sus vidas. Cuenta el relato cómo FQ se fue encontrado con amigos que le ayudaron a ayudar a los personajes que necesitaban de su voz, y cómo se encontró con un editor que diera forma impresa a tantas voces.
El tal FQ, desde su ficción, quiere convencernos de que acopia referencias verídicas y que sólo unas cuantas anécdotas de su historia son inventadas. Insiste en que los personajes que le contaron y que le pidieron contar son personajes vivos, y sólo en una ocasión menciona, de pasada, a Fernando Quiñones, al que llama El Redactor.
De la otra gran mentira también es responsable FQ. Como aquellos novelistas del XVII, usurpando la autoridad a Quiñones, hace, en cuatro palabras, una declaración programática a la que supuestamente obedecerá la práctica narrativa. Dice allí que escribe en dos códigos: "el de la literatura" y "el habla de un pueblo". Nos oculta un dato: el habla de un pueblo, en la narrativa de Quiñones ¿no es acaso literatura?
Son literatura las vidas desasosegadas del Padre Alfonso o la del Cajista del Diario, o la de "la novelesca muchacha de las ojeras y el cansado traje azulenco". Lo garantiza su discurrir en una tipografía de imprenta moderna, de diseño y fotocomposición avanzada. Pero también son literatura la vida de Hortensia, o la del Chulo Málaga, o la del mismo Joaquín Quintana, ajetreados en su tipografía humilde y correcta, de máquina de escribir casera. No nos engañe la tipografía. Todos ellos son literatura porque no son ni verdad ni mentira, sino ficción, una especie de realidad virtual inventada desde que el hombre es hombre, y desde luego mucho antes de que los medios de comunicación modernos nos hicieran más palpable la idea de realidad virtual. Son literatura porque estas vidas no imitan a la vida, a nuestras vidas, sino que se añaden a la vida y la modifican, mejorándola, haciéndonos escapar del tiempo y haciéndonos mejores.
Más mentiras. FQ habla de duplicidades. Hay relatos y novela; está lo realista y lo fantástico, lo inventado y lo sucedido. Con menos pericia en el arte de novelar que Fernando Quiñones, FQ teoriza con unas etiquetas que son barreras que la filología ha ido imponiendo para entenderse, para entendernos, en un intento vano de aprenhender lo inaprehensible: la creación artística. Agradecemos a este autor-impostor sus cuatro palabras, pero siguen sin servirnos para entender el prodigio de la creación de Quiñones, el milagro de su literatura.
Y una última mentira. Pudiera alguien pensar -quizás el mismo redactor- que hay una parte muy real en este libro: la vida de Joaquín Quintana, alter ego o transposición al papel de Fernando Quiñones. No nos va a engañar. Lo autobiográfico, aquí, también es literatura, siempre una trampa.
El ser humano simple recrea los hechos físicos, pero el artista reinventa los hechos psíquicos con la imaginación. La evocación, por sí misma, es ya una ficción. El autobiógrafo, quiere, por ejemplo, dejar constancia de las tardes primaverales de la alameda y de lo que siente su corazón de niño en aquel espacio. Acude, entonces, a la imagen literaria que de la infancia, la primavera y los árboles de la alameda tiene. Y el resultado es la infancia de todos nosotros, o lo que todos nosotros creemos que fue nuestra infancia. No nos queda, por tanto, más remedio que negar también la autobiografía. También aquí Quiñones miente, a no ser, claro está, que Quiñones, el mismísimo Quiñones, sea ya un personaje literario, una ficción, más real, por tanto, que la vida misma.

Este texto sirvió como presentación a la obra de Fernando Quiñones El coro a dos voces. En Cádiz, en la Alameda, en mayo, en la Feria del libro de 1998.